En los primeros años de vida una buena calidad de sueño es fundamental para el desarrollo físico, intelectual y conductual de la persona. Sin embargo una tercera parte de los niños padece un problema o trastorno del sueño que deriva en patologías como por ejemplo la obesidad infantil y la hiperactividad. Además, la vulnerabilidad de los niños hace que los riesgos asociados al sueño puedan abarcar riesgos químicos, físicos, mecánicos, ergonómicos y biológicos.

Esta línea genera conocimientos y oportunidades de desarrollo vinculadas a la reducción de riesgos como la muerte súbita del lactante, el insomnio infantil o la apnea-hipopnea.